MEDICINA ABORIGEN

Columnas de Opinión 09 de agosto de 2016 Por
La medicina aborigen argentina tiene unos diez mil años de antigüedad. La antigüedad del hombre en el Noroeste argentino tendría treinta mil años.
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MEDICINA ABORIGEN

La medicina aborigen argentina tiene unos diez mil años de antigüedad. La antigüedad del hombre en el Noroeste argentino tendría treinta mil años. En la zona patagónica en cambio, la antigüedad es de unos once mil años. En Tierra del Fuego, el asentamiento debió ser posterior, en razón de que la zona estuvo cubierta por los hielos hasta una etapa más reciente. La cultura más antigua se estima en unos seis mil años.

Los primeros datos que tenemos de sus prácticas médicas, provienen del siglo XVI y pertenecen a informes de funcionarios de la corona española y a relatos de viajes de cronistas de la época.

Las enfermedades de entonces podrían ser denominadas místicas, tales como el mal del aire, el mal deseo, el susto, la enfermedad de la tierra o la ruptura de tabúes; y enfermedades consideradas naturales o no místicas, como la enfermedad de la matriz, la recaída, el sobreparto, el costado, el mal de ojo, por citar algunas.

Las causas más frecuentes de estas enfermedades se creían producidas por:

1.- Cuerpos extraños al organismo, tales como piedras, flechas, rayos, troncos, etc. introducidos por arte de magia o el accionar de dioses ofendidos por las ofrendas cedidas.

2.- Efluvios malignos o ‘aires de enfermedad’. Son influencias nefastas y oscuras que vagan alrededor de los seres humanos, sobre todo al atardecer y a la noche y que causaban diferentes enfermedades, como la tortícolis, la hemiplejia, los dolores musculares, dolores de oídos, parálisis facial o convulsiones. Para curar la tortícolis se usada –un barra de azufre- para ‘sacar el aire’ del cuello. Una vez instalada la enfermedad, se debía ahumar con diferentes sustancias al afectado, entre ellas la ruda, la yerba mate o el molle tres veces en el día durante  tres días.

3.- Pérdida del ánimo. Se caracterizan por cuadros depresivos, por ‘desanimar’ al paciente. Presente en forma clásica en la enfermedad del susto. El padecimiento se produce cuando se pierde el alma por un despertar violento, por una fuerte impresión o por embrujamiento. Cuando se asustaba una embarazada solía creerse que la criatura se asustaba dentro del vientre, se movía mucho y cambiaba de posición. Para estos casos se recurría al ‘manteo’ efectuando movimientos de rolido sobre una manta o se tomaba a la paciente de las axilas y se la sacudía bruscamente.

La ‘caída de la paletilla’ que corresponde al presunto hundimiento del xifoides, era consecuencia también de la enfermedad del susto. Provocaba una severa diarrea que lo podía llevar a la muerte. Para recomponer el huesito y colocarlo en su lugar, se aplicaba ventosas o la simple succión.

El alma debía ser recuperada para que el paciente sane. Para ello se la buscaba de noche en las proximidades del lugar donde el individuo se asustó y se la llamaba con rezos y sosteniendo alguna ropa del asustado para que el alma la reconozca y quede atrapada en ella. También se preparaba una infusión de tierra de la casa porque se creía que esto impediría al alma salir nuevamente.

4.- Magia o embrujamiento: es lo que se conoce como ‘hacer el mal’ y consiste en provocar la enfermedad a distancia.

5.- Ruptura de tabúes: Cuando la madre quiebra algunas reglas, como la de no asistir a velorios, pasar por cementerios,  el niño al nacer lo hará ‘aicado’. Presentará retardo psicomotriz, anorexia, poca masa muscular, caminará tardíamente. Esta enfermedad puede ser clasificada médicamente como desnutrición infantil.

¿QUIÉNES PODÍAN SER CURADORES?

Los Mapuches para ser Machi (chamán) debían pasar por una serie de pruebas rituales en un viaje místico, e implicaban un descenso al mundo inferior y la muerte simbólica del candidato, para ascender posteriormente a la región celestial o superior con un segundo nacimiento en un estado trascendente del ser, volviendo finalmente al Mundo Medio, el de los humanos.

El ‘curador’ puedía asumir su profesión por predestinación. En estos casos, la fuerza mágica le es proporcionada al individuo antes de su nacimiento o bien podía ser transmitida de padres a hijos.

Otras veces, el toque de poder le era dado al ‘curador’ en ocasión de un acontecimiento crucial de su vida, como es la propia enfermedad o accidentes que ponen en peligro su vida. Esta es la categoría de ‘curador’ adquirente o accidental.

El curador podía ser médico de todo, es decir estará habilitado para curar todo tipo de enfermedades, o ‘especializados’ que solamente se encargan de empachos, zafaduras, mal de ojo, etc. Otros son los ‘duchos’ en curar el hígado, atender empachos, mejorar las enfermedades de la matriz, curar el daño o hacer Magia’

Generalmente el curador era vivaz, despierto, intuitivo y ágil para ubicarse en la realidad del paciente y del mal que lo aqueja. Se hace cargo rápidamente de la situación psicológica del enfermo y con pocas palabras llega al diagnóstico, que muchas veces es traído por el mismo que le consulta o por un familiar.

LA MEDICINA SEGÚN LAS TRIBUS

Los Apatamas habitaron la región noroeste del país. Practicaron trepanaciones que se hacían para intentar expulsar los demonios que causaban locura o epilepsia, o curar dolores rebeldes del cráneo o la cara. El parto era asistido por una comadrona, sin la presencia del ‘curador’. La posición consideraba más adecuada era la de cuclillas, colocándose abajo una manta o piel sobre la cual caía la criatura al nacer. La ausencia del ‘curador’ en el parto se debía al hecho de considerar este como un suceso natural, siendo su intervención necesaria recién en la ceremonia de incorporación del niño al núcleo social. La placenta se enterraba y el cordón umbilical se guardaba porque creían que aquello que había ligado al niño a la vida durante la gestación, lo podía unir a ella nuevamente en caso de peligro.

Los Diaguitas fueron el grupo más evolucionado de la República Argentina. Habitaron el límite sur de la provincia de Jujuy, el centro  de Salta, la mitad de la de San Juan, la mitad oeste de Tucumán y casi toda la extensión de Catamarca y La Rioja. Fueron el exponente de mayor cultura aborigen de nuestro territorio. Participaban del chamanismo, siendo una práctica muy importante la imposición de manos o ‘pase de manos’ en forma de cruz por las partes enfermas con el objeto de arrojar el mal a los cuatro vientos. Los diaguitas practicaron la antropofagia ritual y la opoterapia. Con respecto a la primera, el pensamiento generalizado de muchos grupos primitivos era que la ingestión de trozos de la víctima sacrificada o vencida, transfería las propiedades y virtudes que aquella tenía en vida, tales como coraje, fecundidad, valor, vivacidad, etc. Junto a esto, había otro ingrediente considerado importante. Consistía en el convencimiento de que el devorado se mantenía ‘vivo’ en la sangre de quien lo había ingerido, de tal modo que la ingestión de un trozo de la carne del enemigo muerto no solamente proveía de sus virtudes, sino que además permitía reencontrarse con los seres queridos, familiares o conocidos a quienes ese enemigo había devorado en su oportunidad. La opoterapia se aplicaba con la ingestión de determinadas vísceras en la creencia del poder curativo selectivo sobre ciertos órganos.

Para la cura del reumatismo usaban fricciones con una mezcla de ortigas y hormigas. Los procedimientos de rejuvenecimiento que usaban consistían en colocar objetos de la persona que se quería mantener joven en el tronco de una planta vigorosa y en crecimiento. El control de la natalidad lo hacían con la ingestión de una infusión de casco de mula durante siete días, creían que al ser estéril este animal, esta propiedad se transmitiría a quien incorpore a su organismo.

Los Araucanos a veces designados como ‘mapuches’ Asentados en la zona pampeana y al Norte de la Patagonia. Su medicina era ejercida por el chamán, que los araucanos llamaban ‘berdache’. No era necesariamente homosexual, pero sí dócil, cariñoso, dulce y no activo con las mujeres. Por lo general, los niños afeminados eran considerados aptos para desempeñarse como ‘machis’ o curanderos, tarea que compartían con las mujeres que ostentaban la misma denominación. Al margen del ‘machi’ existía la ‘ancimalés’, la mujer amiga del sol, experta en la cura de heridas, úlceras, epidemias y mal de ojo causado por los brujos. El ‘cupave’ abría los cadáveres de los que morían por causa desconocida, tratando de averiguar cuál era la causa, para informar luego al ‘gustave’ o machi cirujano y al ‘ampive’ o machi herborista. Este último curaba las enfermedades tratándolas con yerbas y minerales simples, mientras que el cirujano operaba abcesos, suturaba heridas e inmovilizaba fracturas y luxaciones. La odontología era ejercida por el denominado ‘entuvorove’, el encargado de extraer las muelas en mal estado.

Practicaron la sangría. Aplicaban la anestesia mediante el uso del chamico en forma de infusión. Esta sustancia producía somnolencia marcada, a veces sueño profundo y bajo estos efectos se procedía a operar.

Para los Mapuches la enfermedad (kuxan) era provocada por el mismo Che,  por desorden de la persona o por hacer cosas indebidas como no respetar las fuerzas de la naturaleza.

Los Onas vivieron en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Cada grupo contaba con un hechicero denominado ‘kon’ Una de las maniobras más frecuentemente usadas era la del ‘sobamiento que consistía en masajear vigorosamente la parte enferma para alejar del cuerpo el espíritu del mal que se había apropiado de él. Basado en el principio del ‘cuerpo extraño’, la operación, que se efectuaba con manos y pies, solía terminar con la exhibición del objeto extraído por la ‘sobada’, que solía ser una piedra, una flecha u otros adminículos. La sangría era reservada para los casos rebeldes y la ‘chupada’ o succión de la zona enferma era un complemento. Si el ‘kon’ tenía éxito, era agasajado y protegido por el grupo. Si fallaba podía llegar a ser abandonado a su suerte, o ultimado si se lo hallaba culpable de negligencia, de causar enfermedad o de crear maleficios. Una costumbre era abandonar a los individuos más graves y a aquellos considerados incurables. En el caso de agonía prolongada, se procedía a eliminar al enfermo por estrangulamiento, requiriéndose en ese caso el concurso de la ‘despenadora’, ya que generalmente se trataba de una mujer. Ella era la responsable de dar una muerte piadosa a los incurables y moribundos. Generalmente era convocada por los familiares del enfermo y, luego de orar por aquél, procedía a estrangular disimuladamente al enfermo bajo la apariencia de pases mágicos o bien a fracturarle la columna vertebral con un golpe seco, practicado en la penumbra y en soledad.

Los Yamanas habitaban los canales e islas magallánicas y fueguinas, especialmente los canales Ballenero, Beagle y el Cabo de Hornos. El parto era producido en posición de cuclillas y asistido por una comadrona, mientras el curandero permanecía lejos de la mujer. El cordón umbilical, que se dejaba secar y caer espontáneamente, se conservaba hasta los cuatro años de edad. En ese momento se ataba al cuello de un pájaro, al que después se liberaba, dejándola volar, como símbolo de amor y cuidado.

Los Guaraníes tenían un modo originalísimo. Cuando un médico era llamado para asistir un enfermo, empezaba por preguntar cuál era la parte dolorida y se ponía luego a chuparla con gran empeño hasta que cansado de este ejercicio, sacaba de la boca algún gusano, espina, palito o piedra que había ocultado previamente y lo presentaba como causante del mal. Recetaba en seguida la abstinencia de algunos manjares, tanto para el enfermo como los parientes sanos. Si el paciente curaba, las alabanzas y provecho eran para él y si se moría se achacaba toda la culpa a los deudos, que no habían cumplido el ayuno propuesto.

Los Tehuelches ingerían piedras como sudorífico, depurativo y antiespasmódico.

Todos los grupos indígenas que poblaron nuestro suelo sufrieron el choque biológico que significó la llegada del europeo y de sus enfermedades. La población autóctona fue diezmada por esta presencia y sus dos consecuencias inmediatas: la guerra y las epidemias. En líneas generales, las enfermedades que más dañaron a los indígenas fueron los cuadros gripales, las neumonías, la tuberculosis, el sarampión y la viruela. El mayor daño para los Españoles fueros las condiciones naturales y geográficas del territorio y las flechas envenenadas. Además de usar venenos para sus flechas, los indios habían logrado descubrir el antídoto. Los españoles, tras sufrir años de horrorosas muertes, consiguieron una flecha no usada, que conservaba el veneno y con ella atravesaron el muslo de un indio prisionero, el que luego consiguió ‘huir’, lo siguieron hasta la vera de un río donde el indio seleccionó hierbas que machacó, bebiendo luego el zumo de éstas y colocando otras en la herida. De esta forma fue descubierta por los españoles la ‘contrayerba’

CREENCIAS POPULARES

Mal de ojo –ojeadura- La causa de esta enfermedad reside siempre en la mirada de una persona con deseo: “El chiquito llora, no se amamanta, la cabecita se le va para atrás, tienen la mollerita abierta y muchos vómitos”. La persona que lo cura usa aceite y un poquitito de agua, pronuncia el nombre del chiquito, hace otras cosas en secreto y después  pasa el aceite en cruz por la frente.  En algunos casos se coloca en el brazo del niño una pulsera o lazo rojo. En otras un gorro o una vincha que el niño debe portar varios días. La creencia popular es que el rojo ahuyenta los malos espíritus y devuelve la salud.

Lo que se conoce como ‘recaída’ del parto serían las complicaciones del post parto, tales como infecciones, hemorragias, fiebre, decaimiento general, etc.

El antojo es vivido como una enfermedad más y si no es atendido a tiempo puede recaer una culpa sobre el padre y familiares que no supieron o quisieron satisfacerlo.

Los padecimientos relacionados con la sangre menstrual se denominan ‘enfermedad del mes’ o ‘mal de la sangre’ Para provocar la menstruación se ingería un vaso de limón en ayunas o perejil en las comidas, tres veces durante tres días. Cuando una mujer menstruaba se aconsejaba no bañarse, como así tampoco lavarse el pelo, porque se decía: ‘sino la sangre se va de la matriz a la cabeza y puede volverse loca’ porque la sangre no sale y se va para adentro…’

El empacho que es una especie de indigestión, tiene mayor incidencia en niños, los síntomas son panza hinchada, desgano, falta de apetito, malestar estomacal, vómitos, diarrea y lengua blanca. Las terapias populares más conocidas por las curanderas son tirar el cuerito, la cinta y la cura a palabra.

La culebrilla  Se trata de una erupción muy frecuente que afecta a niños y adultos.  Es muy dolorosa y está provocada por el mismo virus que la varicela, es decir, el herpes zoster. Según la creencia popular, dicen que el "animal” que va dejando las marcas, es decir, la culebrilla, no puede juntar su cola con su cabeza, porque eso sería fatal. Entre los tratamientos, uno incluye frotar la barriga de un sapo vivo por la zona, en sentido contrario al progreso de esta erupción. Se cree que el animal absorbe todo el veneno y al poco tiempo muere. Otra de las técnicas que se utilizan incluye tinta china o tinta negra. Se realizan marcas en forma de cruz, mientras repiten tres nombres: Jesús, María y José. 

La Pachamama, deidad siempre presente, está ligada estrechamente al mundo de la salud y la enfermedad, además de su profunda relación con la agricultura. En la creencia popular hay que agasajarla, darle de comer, ofrecerle cosas y no irritarla para que todo vaya bien. Madre de la tierra, es una deidad femenina de origen aymara, que tiene una gran difusión en el NOA. Se la invoca para evitar ciertas enfermedades y como ingrediente esencial en la curación de otras tantas, ya que interviene en todos los actos de la vida y los otros dioses le deben respeto y obediencia.

Velatorio del ‘angelito’, criatura muerta que no pasa de los ocho años, que al decir de la gente ‘todavía no ha pecao’ razón por la cual se piensa que habrá de volar directamente al cielo. Este personaje, a quien se atribuye efecto protector sobre la comunidad, este ‘angelito’ es paseado durante días por distintas casas, en las que se ora y se come y bebe en su honor.

El rezo de las nueve noches por el difunto. Se piensa que el alma del difunto vagaría de un lugar a otro para despedirse de aquellos que amó en su vida terrenal o para dar un mensaje y por eso hay que estar preocupado por esta alma a través de los rezos y los recuerdos.

La ligadura de pies y manos del cadáver.  Se lo hacía para evitar el regreso del muerto.

TERMINOS ABORIGENES

Che: Viene del MAPUCHE Mapu (tierra) Che (gente)

Achuchado: Que tiene ‘chucho’, escalofríos. Se aplica a las personas que presentan cuadros febriles y escalofríos.

Achuras: Son las entrañas del animal. El origen de la palabra es quechua y significa ‘comer sangre’. En la Puna se acostumbra colocar al niño ‘asustado’ o ‘Aicado’ dentro del vientre de un animal recién sacrificado, entre las achuras calientes todavía, para curarlo.

Amojosado: que está lleno de hongos

Arisco: salvaje, huraño, que rehuye a la gente

Bostear: desear a alguien un mal, que se enferme por ejemplo.

Cancha: dermatitis fúngica, caracterizada por manchas blanquecinas en la piel

LA COCA: La hoja de la coca (o cuca para los aymara) reviste un carácter sagrado. La leyenda adjudica la revelación de esta planta a KJANACHUYMA viejo adivino Inca, quien también anticipó las consecuencias que el descubrir los efectos de la planta acarrearía para el hombre blanco. La coca no es sinónimo de vicio para los aborígenes; al contrario, esta planta forma parte de su alimentación, de su medicina y de su religión, ocupando un lugar importante en los rituales. Sus propiedades son múltiples: masticar hojas de coca calma el dolor de estómago, ayuda a resistir el hambre, la sed y la somnolencia. Una infusión de cinco hojas de coca elimina el "soroche" -o mal de altitud- y el dolor de cabeza. En compresas, alivia el dolor de muelas.

ACTUALMENTE

El Centro Intercultural de Promoción de la Salud que se encuentra en la Estación del Pueblo de Olascoaga, partido de Bragado, donde recide la Antigua Comunidad Mapuche Melinao. Realizado en Mayo de 2013. Es una experiencia mediante la cual el lonko mapuche Máximo Coñequir fue reconocido por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos AIres como agente sanitario para que atienda a gente de comunidades originarias que no suelen asistir a centros de salud convencionales.

El hospital de Makewe, en las cercanías de Temuco, es el primer hospital intercultural de Chile que ofrece un modelo de salud integral. Cuenta con una farmacia integral, en la que posee medicamentos occidentales, como medicamentos preparados con hierbas recolectadas en el territorio o en el huerto perteneciente al hospital. Los equipos de salud han recibido capacitación para lograr su introducción en la lógica y cosmovisión mapuche y así facilitar la atención. Para que el paciente pueda recibir una atención bajo los parámetros de la lógica mapuche, el médico está acompañado de un auxiliar paramédico mapuche, que conoce de ambos sistemas médicos y de ambos idiomas.

ABORIGENES SEGÚN PROVINCIAS

Buenos Aires: Guaraní Qom (toba) Mapuche Catamarca: Diaguita calchaquí Colla-atacameño Chaco: Wichí Qom (toba) Mocoví (moqoit) Chubut: Mapuche Tehuelche (aonikén) Mapuche-tehuelche Córdoba: Comechingón Corrientes: Guaraní Entre Ríos: Charrúa Formosa: Wichí Pilagá Qom (toba)  Jujuy: Kolla  Guaraní Ocloya  Tilián Atacama Omaguaca Quechua  La Pampa: Ranquel La Rioja: Diaguita calchaquí Mendoza: Huarpe Mapuche Misiones: Mbyá guaraní Neuquén: Mapuche Río Negro: Mapuche Salta: Kolla Guaraní Atacama Diaguita calchaquí Lule Wichí Qom (toba) San Juan: Huarpe San Luis: ninguno Santa Cruz: Mapuche Tehuelche Santa Fe: Qom (toba) Mocoví Santiago del Estero: Guaycurú Diaguita Tierra del Fuego: Selknam (onas y yamanas) Tucumán: Diaguita calchaquí Lule

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